domingo, 25 de septiembre de 2011

Palabra de honor (Ingrid Noll)

Las novelas de Ingrid Noll suelen tener crímenes, pero no se puede considerar que se trate de novelas policiacas típicas, pues normalmente no se trata de averiguar quién es el asesino, sino más bien de cómo se las ingenia para cometerlo y que no le descubran. 
En este caso, además, no hay un cadáver en sentido estricto, sino un anciano al que sus familiares quieren ver muerto. Y esto no es más que la excusa para ir contando la vida de una típica familia media en la que cada uno va a lo suyo sin importarle para nada lo que sientan o quieran los demás.
No le falta su dosis de ironía y de situaciones que, aunque llevadas al extremo, son perfectamente reconocibles.
Me ha resultado entretenida, sin más pretensiones.

Sinopsis


Tras su fachada de normalidad, una familia de clase media puede esconder muchos secretos... y a veces sólo hace falta la llegada de un nuevo elemento para destaparlos. En el caso de Palabra de honor el desencadenante se llama Willy Knobel, tiene casi noventa años y es el abuelo; un abuelo que, tras sufrir un accidente doméstico, revive gracias a un insólito tratamiento a base de pudin de vainilla. El problema de dónde acomodar al convaleciente se agrava cuando Max, el nieto que administra el postre curativo, decide que el sitio idóneo es el hogar familiar. La tranquila rutina de los Knobel, hecha de civilizada y aburrida frialdad, saltará por los aires al contacto con un anciano lleno de bríos y aficionado a las citas en latín. Y también sufrirán un terremoto las vidas de Harald, el hijo ingeniero metido en un proyecto de dudosa legalidad; de Petra, la nuera que no siempre emplea la hora del almuerzo para comer, y de Max, el nieto sin oficio ni beneficio cuyas finanzas dependen del abuelo... y no sólo para los gastos menores. Una historia irónica y demoledora, narrada con el pulso sabio de Ingrid Noll.

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