Pues ya está aquí la segunada novela de Alfonso Goizueta, que dejó el listón bastante alto con la primera, finalista del Premio Planeta hace un par de años.
En esta nos traslada a Troya, pero no a la antigüedad sino al momento en el que Heinrich Schliemann buscaba sus ruinas.
Desconozco cuanto hay de realidad y cuanto de ficción en la novela, pero lo que no cabe duda es que nos sentimos transportados a esa excavación.
El autor consigue que sintamos empatía por los personajes, incluso aunque no sean agradables en sus formas. De algún modo, los entendemos.
Lo que desde luego me parece admirable es la forma que tiene de escribir siendo tan joven. Si no lo conociéramos, no podríamos deducir su edad leyendo sus libros.
Esperando el próximo.
Sinopsis

