Después de visitar la Albufera el lunes, buscando alguna novela ambientada en la zona, pensé que no había otra mejor que esta de Blasco Ibáñez, escritor que ha retratato como nadie su ambiente.
Seguramente la leí hace muchos años, y recordaba la serie de televisión basada en ella, por lo que el argumento no me iba a sorprender. Pero me ha gustado bastante su lectura.
Me parece una novela que ha envejecido bastante bien, pues no parece en absoluto que fuera escrita hace más de un siglo. Supongo que esa es una cualidad de la buena literatura.
Es una historia a la que no le falta ninguna emoción, y las emociones son similares a lo largo de los años, aunque se vayan modelando con los tiempos. Pero también es un retrato de las costumbres y forma de vida de esa época, que resulta interesante.
Queda claro que hay que volver a los clásicos de vez en cuando.
Publicada en 1902, Cañas y barro es sin duda una de las novelas donde el vigor expresivo de Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) alcanza una de sus cotas más altas. Situada en el agreste escenario de la Albufera valenciana, que parece prestar a la obra su poderosa violencia, la obra narra la declinación del humilde clan de los Palomas, encarnada en la figura trágica de su último vástago, Tonet -individuo abúlico y de débil personalidad-. En el conflicto generacional entre abuelo y padre por una parte, esforzados extractores de los magros recursos que ofrece una naturaleza salvaje, y el hijo que rehúye una tradición de trabajo a cambio de una existencia especulativa, se puede advertir un trasunto de las tensiones que latían en una España convulsionada entre dos siglos.
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