
Esta novela de
Leonie Swann puede parecer una novela cualquiera de detectives, ya que trata de la investigación de la muerte en extrañas circunstancias de un pastor, al que encuentran con una pala clavada en el pecho. Lo original del asunto es que los detectives son las propias ovejas de su rebaño que, uniendo sus diferentes personalidades (una tiene buen olfato, otra es la más lista, otra tiene muy buena memoria, otra es fuerte, otra dice lo primero que piensa...) consiguen ir deduciendo poco a poco lo que ha pasado. Porque, como suele pasar en estos casos, nada es lo que parece, y los habitantes del pequeño pueblo de Glennkill esconden muchos secretos.
Lo más divertido del libro, independientemente de como se va resolviendo el misterio, es ver el mundo de los humanos desde una perspectiva distinta, la mente de las ovejas. Evidentemente, nadie sabe como piensa una oveja, pero la forma en que se plantea aquí me parece muy bien resuelta, ya que las ovejas se comportan como tales (no se les humaniza en ningún caso) y en todo momento nos parece ver las cosas desde sus ojos.
Como ejemplo está el tema del olfato. Las ovejas pueden oler si alguien miente, si tiene miedo, si está nervioso o asustado, y por eso no entienden como los hombres pueden vivir sin esa cualidad, en "un mundo fantasmal e incompleto", que debe significar para ellos "desconfianza, seguridad y, sobre todo, miedo". Algo que puede darnos que pensar, pues ¿alguien se imagina cómo sería saber en todo momento lo que siente quien tienes delante o, sobre todo, saber que los demás pueden conocer lo que tú sientes? Una interesante reflexión.
Por todo ello la novela, a pesar de estar protagonizada por ovejas, en el fondo trata del ser humano. Y su lectura deja un buen sabor de boca.
Sinopsis